Vivo en “Corea del Centro”

Por Eduardo Pérez Gutiérrez

En los últimos días se hizo conocida la frase “Corea del centro” en alusión a un lugar donde quienes lo habitan no están ni de un lado, ni del otro. Les dicen por desprecio los “tibios”, pero yo prefería llamarlos como lo que realmente son, racionales.

Dada la famosa “grieta” la escalada violencia ideológica, la persecución política, judicial y por sobre todo la social. Tomé la decisión de mudarme a ese país fantástico, recogí mis valijas y partí.

Embarcado hacia mí destino reflexioné sobre todo en las alarmas que sonaron al discutir por pensar distinto. La rajante intolerancia que abunda en esta sociedad hace implosión directa, tanto que amigos se convierten en enemigos y peor aún, desmorona familias sin consideración. Temo que los extremos se han ido demasiado lejos, por culpa del fanatismo. Los opuestos pasaron de ser necesarios a ser extremos, extremos que alcanzan el extravío moral y la exaltación del culto de una idea.

Llego a mi destino. Casi parece de ensueño. Pocos humanos, amistosos, se siente la fraternidad y te digo que hasta los abrazos son más cálidos. De esos que no darías uno, sino tres. Pienso: hace mucho que no veo esto en Argentina. ¿Cuándo comenzó a resquebrajarse el país?

Mi mente viaja en el tiempo con la idea de encontrar el problema de raíz. ¿Será en los ’90? –No. ¿Los ’70? -Tampoco-. Continúo retrocediendo en el tiempo me acuerdo que en el ’55 un grupo de militares armados más civiles contrarios al gobierno de Perón bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo con el propósito de asesinar al general y efectuar sin éxito un golpe de Estado cobrándose más de 300 muertos.

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Más atrás… Yrigoyenistas/ Anti-Yrigoyenistas. Los Unitarios contra Federales y el error irreparable del fusilamiento del coronel Manuel Dorrego por orden del general unitario Juan Galo de Lavalle. Y va más allá, hasta la 1811 donde Mariano Moreno fue envenenado y tirado en alta mar.

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La grieta no se creó ahora, la traemos en los genes y la trasladamos hasta hoy en los fanatismos futboleros, políticos e ideológicos. Es momento de decir basta. Es momento de reflexionar y rectificar esas asperezas, sino la grieta seguirá.

Me encuentro parado en las costas de Corea del Centro, mirando mi reflejo en el agua,  recordando la estima disuelta de muchos familiares y amigos que hoy se extrañan. Fue el fanatismo lo que padecimos a través de la historia. Tenemos que sembrar la tolerancia, eso hará que muchos de los que estamos hoy divididos nos veamos otra vez en Argentina. Mientras tanto me encontrarán en Corea del Centro.