#NiUnaMenos: ¿de qué manera se puede deconstruir el machismo?

El reciente aniversario del #NiUnaMenos cumplió el pasado 3 de junio cuatro años y hubo marchas en todo el país con repercusión internacional. El grito de auxilio del colectivo feminista se hizo oír con fuerza, pero ¿Por qué las estadísticas de violencia machista y femicidio siguen escalando?

El pasado lunes se pudo observar en distintas partes del país marchas que siguieron la consigna “Vivas, nos queremos”, un movimiento que rompió con el silencio que las amordazó desde hace siglos, y que hoy evolucionó, aunque muy poco, en su lucha por la igualdad de género y de derechos.

La mujer o como decía Simone de Beauvoir “al sexo débil”, históricamente, tuvo un espacio peyorativo en la sociedad. Aún hoy, el inconsciente colectivo está marcado por una cultura machista. Incluso en el lenguaje que utilizamos los argentinos; tal vez lo recuerden en frases como “poné huevos”, “maricón” -para quitarle valor al hombre como macho alfa de un grupo determinado-.
También el tango –emblema de la cultura porteña- tiene estrofas que refieren al papel de la mujer sumisa o de una puta.

Para la religión, una mujer, soltera o casada, no tiene voz ni voto, es decir, su palabra no vale y mucho menos puede ocupar cargo alguno.

Los datos del Informe de Femicidios en Argentina publicado por la Corte Suprema de Justicia no son para nada alentadores: 278 víctimas letales de crímenes de violencia de género. En comparación con el año anterior donde hubo registrados un total de 251, esto implica un aumento del 10,7 %.

Sin embargo, la tasa de femicidio y violencia es directamente proporcional al crecimiento de este movimiento. Para Albertino Amadeo, psicólogo esto se debe “al avance de los derechos obtenidos y batallas culturales que fue ganando, lo que descubre en el sexo opuesto una resistencia irracional muy cercana a los instintos primitivos. El hombre se aferra a sus raíces arcaicas y no es capaz de deconstruir su discurso ni comportamiento”. ¿Esto significa que el machismo y la intolerancia está implantado de raíz y no cede ante el avance respondiendo con más violencia? Entonces ¿cuál es la solución?

El mismo lunes 3 de junio pasado se dio una conversación literaria entre Jorge Alemán, psicoanalista y Anna Caballé, escritora, en el marco del evento Cartagena Piensa en la región de Murcia, España. Caballé señaló -lo que podría ser la solución- ante la crisis de identidad e igualdad de género que existe: “Habiendo muchos feminismos, éstos se caracterizan por su acción social, la toma de consciencia y su penetración entre los más jóvenes. Es una forma de pensar que tenemos que trabajar junto a otras”.

Específicamente, no se trata de combatir sino de seguir firmes y con el tiempo la resistencia desvanecerá. “La culpa del aumento de la crueldad, la violencia y el machismo no es la lucha contra la crueldad, la violencia y el machismo. No se puede retroceder, igual que no se puede volver a la esclavitud porque en la casa del amo había agua y comida. No se puede dejar de luchar contra el liberalismo porque haya más pobreza ni contra el machismo porque haya más violencia. No hay forma de ir para atrás. Hay que avanzar más fuerte que nunca,” sostuvo Luciana Peker en su nota para Revista Anfibia.

Entonces, no hay soluciones desde la justicia ni cambios sociales, en pos de convivir en paz, a corto plazo. La solución es la de contruir una educación integral e inclusiva a las nuevas generaciones para reducir las estadísticas de violencia y femicidio, talves en lo veamos en 10 o 15 años. Ya que en los 8 años que gobernó una mujer entre 2007 al 2015 no hubo políticas para remediarlo y mucho menos podemos esperar de una intervención seria de un gobierno neoliberal, como el actual, con ideales absolutamente conservadores.